Mitos y Leyendas

Tal el nombre de un pajarito que vive en las selvas del nordeste argentino, cuyo silbido monótono se oye al amanecer y anochecer.
En noches de luna, en Enero, se oye un silbido: yateré...yateré... cada vez más cercano, cada vez más fuerte; entonces, las madres cuidan de no dejar solos ni un sólo momento a sus hijos pequeños.
Es un criatura de entre 2 y 6 años, de cara bonita, rubio, ojos azules o amarillos, sin orejas. Tiene un olor muy fuerte y desagradable.
Rapta niños que encuentra solos al mediodía o a la siesta. Sólo se lleva a los varones, a las mujercitas, por lo general las deja pues tienen el pelo tan largo como él. Lame sus frentes para quitarles el bautismo. Al rato de jugar un rato con ellos, los abandona envueltos en lianas y enredaderas, y los niños quedan mudos, atontados presa del su encantamiento.
Todos los años, para el aniversario del rapto, los chicos sufren ataques de epilepsia, para curarlos hay que bautizarlos de vuelta, cosa que no siempre funciona.
El Yasíyateré usa un gorro o boina roja. Su ropa es amarilla. Alrededor de su cuello tiene muchas llaves de oro y cinco anillos en los dedos. Lleva una varillita mágica, un bastoncito de oro muy brillante en el cual reside todo su poder; si alguien logra quitárselo comienza a llorar, pidiéndolo. Sin su bastón se debilita.
Cuando camina queda solo la huella del pie izquierdo, el derecho no se ve. Vive en lo profundo de la selva y come solamente huevos, miel y fruta. Es dueño de muchísimas alhajas y de tesoros.
El origen del mito es paralelo con el desarrollo industrial del noroeste Argentino, pero el numen argumental deriva del primer pacto que el hombre celebra con Satanás, en otras palabras “El Familiar” es Satanás.
Los dueños de las grandes fabricas han cedido a la tentación y le prometieron el alma a cambio de la riqueza. El diablo acepta el negocio pero se quedara cerca, escondido en oscuros sótanos o siniestros galpones, para vigilar el estricto cumplimiento de las cláusulas del contrato.
Una de ellas establece la obligación por parte de los propietarios, de entregarle un obrero por año que será devorado sin compasión por “El familiar”, que para ese menester, habrá adoptado la forma de una enorme serpiente a quienes todos conocen como el “Viboron”. Únicamente lo ven por primera y ultima vez aquellos que serán devorados.
Es común en los Ingenios, que con la ultima molienda de caña de azúcar, se arroje a los trapiches un muñeco que representa al obrero que los propietarios del Ingenio deben entregarle a Satanás, para así conformarlo y no llevarse a nadie más.
En otras versiones, El Familiar toma el contorno de un feroz y enorme perro negro sin cabeza que como el Viboron aguarda se cuota de carne humana agazapado en los tenebrosos rincones del ingenio.
Entre los miles de zafreros (Cosechadores de la Caña) que año tras año dejaban los ocres pueblos de la puna para levantar la cosecha en los ingenios del Ramal, no faltaban uno, dos o más desaparecidos por mil razones distintas, que servían para avivar el recuerdo terrífico del Familiar y aumentar el resentimiento del obrero misérrimo para con los patrones rodeados de opulencia.
Las condiciones del trabajo fueron cambiando con el tiempo y esta leyenda fue perdiendo adeptos. Hoy en día el Viboron es un capataz odiado o un jefe de sección arbitrario.
También se le llama “UKUMAN”. Proviene de la voz quichua y quiere decir “cuerpo, parte material de un ser animado”. Eso es lo que era : sólo un cuerpo. Un cuerpo horrible sin alma aparente. Las cosas tan feas tienen prohibido rondar por el abanico de los sentimientos. Y era mujer, cubierta de pelos negros, largos, sucios, duros, pero elásticos. De las líneas de su rostro sólo se destacaban dos ojos pequeños, intensos, oscuros y hundidos. Los pelos que le nacían en la frente caían sobre la nariz y la boca, separados apenas por bufidos y manotazos a uno y otro lado. La boca era un tajo enorme y baboso, y los dientes salidos, aislados unos de otros, cada cual con su propio ángulo.
Si tenía senas senos o no era cuestión de polémica entre los habitantes de la aldea mitad selva mitad andes.
Cuando nació, su padre quiso ahogarla. La madre, la protegió entre sus brazos y no la abandonó nunca. Tuvo más amor por el pequeño monstruo que por sus cinco hermosos hijos anteriores. Por su celo y por su pena fue quedando sola y enfermó. Mientras agonizaba, con más fuerza que nunca abrazó y miró a ese cuerpo extraño que ella había parido.
Arrancaron de su cuerpo, rígido ya el engendro que bramaba y aullaba. Quiso la suerte que fuera arrojada a un rincón de la enorme choza, hasta tanto se cumplieran los ritos funerarios con la madre. Cuando regresaron los hermanos y el padre sin saber que hacer, entre los murmullos de la otra gente, la encontraron acurrucada y lanzado sonidos extraños, como si llorara. No fue por misericordia que salvo la vida. Había miedo en la choza.
Como no se le veían órganos genitales, pero sus piernas se manchaban de rojo cada luna, fue la “ucumara”.
Se hizo enorme, hosca y gruñona y al parecer, temerosa.
Uno de los hombres de la aldea, de su mismo tiempo, entre crepúsculos y soledades se acercaba furtivo a la aldea- choza con creciente asiduidad. No temía ni lo inmutaban los gruñidos y saltos ostentosos con que la “ucumara” retribuía sus visitas, que eran breves, pero tensas. Un día le arrojó frutas y otro día un trozo de carne humana. La tribu devoraba a los prisioneros de guerra y el dueño del enemigo muerto era el dueño del banquete. La “ucumara” comió y no dejó restos. Estaba entendido entonces que apreciaba el obsequio y por consiguiente el hombre lo repitió tantas veces como pudo, recibiendo en pagos gruñidos más suspirados, saltos menos agresivos.
Un día la aldea en pleno se encaminó al río distante, para cumplir la ceremonia anual de adoración a la creciente tumultuosa y atronadora que traía el deshielo de las cumbres blancas. El hombre regresó, eligiendo rincones para no ser visto y luego de una lucha feroz, violó a la “ucumara”.
A partir de entonces su hosquedad fue total y su furia aumentó. Odió a los hombres y al mundo circundante. Las piedras de su choza desaparecieron, arrojadas con increíble fuerza contra todo ser viviente que se aproximara.
Cuando no tuvo más piedras, huyó.
Regresó una tarde tormentosa y raptó a su violador sin que nadie se atreviera a detenerla, menos aún la víctima, vencida su resistencia a golpes y arrastrado de una pierna por los peñascos y huaycos hasta la pétrea guarida donde, imaginamos, llegó mas muerto que vivo. Allí tuvo que elegir entre la vida y las nupcias: escogió el amor, y por un tiempo su ritmo fue el ritmo de la “ucumara” que, ya grávida y desconcertada, con el abdomen hinchado y palpitante, pensaba más en sí, que en su complaciente prisionero. Un día creyó encontrar oportunidad, cuando el monstruo gemía con los dolores del parto.
Huyó de la caverna, rápido y temeroso, pero la “ucumara” entre rugidos y dolor, lo alcanzó. Le arrancó la cabeza y arrastró el cuerpo de su amor hasta la caverna. Entre llantos y convulsiones se lo comió.
Poso después nació otra UCUMARA, toda cubierta de pelos, negros, duros, pero elásticos, de la cabeza a los pies. Amamantó a su hija, le enseñó a comer carne roja y cuando el retoño ya cazaba con sus manos, con un rugido del alma, murió de muerte sencilla y se fue al cielo de los monstruos, en la paz de la montaña.
La leyenda se bifurca a partir del nacimiento del UCUMAR . Una vertiente afirma que el llanto del monstruo, por la muerte de su madre, era tan fuerte y desgarrados que llegó a los oídos de Wiracocha – espuma de mar- dios blanco de largas barbas rubias que gobernaba el Cuzco y para calmar su pena, le prometió la inmortalidad. Otro venero mitológico sostiene que Wiracocha se presentó al ucumar y para castigarlo por sus crímenes y lascivia, le dio la vida eterna vagando por los cerros y selvas. Así también lapidan a los violadores sobre quienes pendía la permanente amenaza de ser devorados por el ucumar.
La leyenda, de origen peruano, está muy difundida en Salta y Jujuy. En nuestra provincia se ubica al monstruo en los departamentos de San Pedro y Ledesma rondando los ingenios azucareros. La imaginación popular lo hacía prisionera o accionista de uno de ellos.
Con este vocablo se designan los “altares del diablo” que el mineros suelen levantar en los rincones más perdidos de las galerías abandonadas.
Allí se rinde culto y se depositan ofrendas similares a las que se entregan a la Pachamama; coca, cigarrillos, alcohol, acuyicos y sahumerio, con la finalidad de evitar que el diablo se lleve la veta de mineral a otros cerros y deje a los obreros sin trabajo.
Al cavar en las minas, los mineros, si encuentran una veta, entronizan la figura de "Ukako" en una vieja y abandonada mina, distante del establecimiento minero. Un día viernes, en lo más profundo de la cueva, levantan el altar del Dios, que se representa con una figura con ojos grandes, orejas puntiagudas, dientes filosos, cuernos arqueados y una larga melena. En la mano izquierda sostiene un trozo del mineral encontrado y en la otra un tridente, ya en su trono, "Ukako" recibe las ofrendas.
Dicen los mineros que "el señor de las tinieblas Ukako, nada tiene que ver con el Satán de los europeos que representa el mal por el mal mismo; Ukako, en cambio, en la sepulcral oscuridad del socavón guía los pasos de los mineros como un duende protector de las minas en las montañas puneñas".
EKEKO
No falta en casi ningún hogar boliviano o de origen boliviano, la representación contemporánea de este Dios menor de la mitología aimara llamado “Ekeko”. Es un muñequito bien vestido, cargado de objetos suntuosos y billetes de banco. Sobre sus hombros lleva ollas de plata, collares de oro, pequeños bolsas de coca, como símbolo de opulencia. Su rostro eufórico denota la alegría del que todo lo tiene. Sus facciones no son las de “Cholo” o indio del altiplano, sino que parecen actualizadas con finos bigotes al mejor estilo de los galanes cinematográficos de los años treinta. Es el Dios de la abundancia.De vez en cuando, en las engalanadas caravanas de automóviles que acompañan a los templos a las parejas de novios de origen boliviano, se lo ve infaltable sobre la carrocería de vehículos cubiertos de punta a punta por vajillas de plata, ponchos de vicuña, mantas cochabambinas, monedas y dinero de todo tipo entre cintas multicolores, flores y cuadros de los santos preferidos, ornato que representa los augurios de los invitados para los contrayentes.
Hoy todos se refieren a él bromeando (indígenas incluidos) pero, por “esas cosas”, es un penate siempre presente en un lugar destacado de la vivienda, que recoge el anhelo de sus moradores por una vida más placentera, sin angustias económicas.
Idolillos que traen fortuna son comunes en numerosas mitologías de todo el mundo, pero lo que provoca curiosidad es el atuendo moderno con que la imaginería popular viste a este Dios menor precolombino.
Abundancia, amor afortunado, virilidad, fertilidad y en síntesis, felicidad; dones del idolillo que da sin enajenar libertad o moral alguna: ¡ Por fin un Dios realmente Generoso !
EL DUENDELe llaman “dobente” en la Puna. Es el duende universal en su versión puneña. Creen en él y le temen.
Son espíritus de la naturaleza que vagan en todas las soledades campesinas del mundo y que probablemente tenga su origen con la llegada del español. Son lo quiméricos seres nacidos en las fantasías populares de todos los países, que tienen de común entre sí su tamaño liliputiense, su genio travieso, inquieto y juguetón y su constante afición por torturar a los hombres, niños y doncellas, de mil maneras distintas.
En la puna se lo identifica desnudo y de no más de 50 centímetros de altura; tiene una mano de hierro y otra de lana y un enorme sobrero de ala ancha, que le cubre por entero desde arriba su pequeño cuerpecito.
Duendes buenos, duendes malos. Ni muy buenos ni muy malos. Siempre traviesos. En Jujuy se esconde tras la roca solitaria de la Puna y en las profundidades del manantial. En las selva se los conoce muy poco y en los llanos se los ignora.
Dice la tradición, que siempre es bueno llevar un rosario o un lazo. Sirven para alejarlos. A gente de estas armas llevar, no se atreve el duende sombrerudo.
Cuentan algunos paisanos, que, en ciertas ocasiones le han oído tocar la guitarra en los cerros, de una manera triste, y cantar como lagrimeando

Deidad diaguita protectora de las vicuñas, llamas y guanacos. Es un enano de rasgos indígenas, vestido con casaca, calzón, escarpines y sombrero de vicuña. Calza diminutas ojotas de duende. Anda silbando por los cerros. Mastica coca continuamente y procura ocultarse de la mirada de los hombres. Vigila con celo el ganado que pace en el paisaje andino. Cuando se ven moverse a lo lejos las tropas de animales sin que pastor alguno las conduzca, es que Coquena las arrea hacia sitios de mejor pasto.
Es raro encontrarse con él pero si esto ocurre, se lo toma como un presagio nefasto. Tal visión no dura más que un instante, porque de inmediato se transforma en un espíritu. Castiga con dureza pero también sabe otorgar bienes. Sus víctimas son los cazadores que matan con armas de fuego y los arrieros que cargan demasiado a sus llamas. A los buenos pastores los premia con monedas de oro.
El Coquena vive en los cerros más altos. De ahí puede ver hasta muy lejos y bajar cuando están por cazarle su hacienda. El Coquena permite la caza a la manera antigua: rodeando las tropas con hilos y trapos colorados para después bolearlas; pero no deja que se cace con armas de fuego: entonces se enoja y sale a defender su hacienda. Toma a veces la forma de un guanaco y empieza a arrear sus tropas, las lleva como si volaran y las esconde. Dicen que se abren las puertas de los cerros y ahí las va amparando. Y también aporrea a los perros de los cazadores y hace extraviar a los hombres. Hay que tenerle miedo al Coquena cuando se enoja porque tiene mucho poder y es como un espíritu malo.
El Coquena es el dueño de los animales del campo y también de los cerros y de las minas. Por eso tiene tanta plata guardada en los cerros; dicen que tiene pilas de cogote de guanacos con plata de las minas. Las vizcachas son también sus cargueras y todas las noches le llevan carguitas de plata a donde tiene sus tesoros. Las vizcachas y las liebres también son su hacienda.
Muchos han visto de lejos al Coquena y lo han oído arriando su hacienda en las noches de luna.
SALAMANCA Es una fiesta organizada en honor al macho cabrío en algún socavón de roca alejado del poblado. En ella se sirven exquisitos manjares y bebidas y se baila y canta hasta la primera luz del amanecer.
Se dice que a la Salamanca pueden ingresar todos aquellos que deseen hacer un pacto con el Diablo. Al ingresar al socavón se debe besar los cuartos traseros de un carnero y luego entregarse a la orgía.
En las noches suele oírse el estruendo de la música y carcajadas de los condenados. Si alguien pasa cerca de la Salamanca y no desea ser tentado a ingresar, debe llevar un Rosario en la mano o bien ser un hombre de mucha Fe. La gente que participa de la Salamanca puede estar varios días sin dormir y no se les nota el cansancio, además son "agraciados" con algunas virtudes como la ejecución de instrumentos, la capacidad de canto, la oratoria, etc. signos estos característicos de haber firmado un contrato con el Diablo.
Se dice que la Salamanca esta en las peñas Coloradas, a la vera del rio Grande, cerca de barrio Azopardo.
También llamada Alma-mula, este engendro es una mujer condenada por pecados muy graves en contra del pudor. Galopa por los campos haciendo un ruido metálico estruendoso, como si arrastrara cadenas; echa fuego por la boca, los ollares y los ojos y mata a la gente a dentelladas o a patadas. Se la ve sólo de noche y su apariencia es la de una mula envuelta en llamas...
Se comenta que sólo un hombre con mucha Fe o muy valiente puede escapar de su infalible ataque y quitarle la montura que lleva, que se dice es de plata. Para repelerla o defenderse se debe repetir tres veces "Jesús, María y José".
Algunas personas dicen que el Alma-mula es el Diablo mismo.

El basilisco es un animal extraño semejante a una lagartija, serpiente chiquita, iguana o camaleón con un solo ojo grande, redondo y sin párpado; nace de los huevos pequeños y sin yema que a veces ponen las gallinas o, según algunos, los gallos viejos. Es preciso
destruir los huevitos para que no salga este bicho horrible. Hay que echarlos al fuego o enterrarlos.
Han sido vistos en Jujuy, Tucumán, Santiago de estero, Catamarca, La Rioja, San Luis y Neuquen.
El basilisco se esconde en un rincón de la casa y observa. Cada persona que alcanza haber, muere de inmediato, o en los mejores casos se quedan ciegos. Es probable que eche alguna clase de liquido venenoso. Si uno lo descubre sin que el bicho lo haya visto, podré conjurar el mal colocando espejos en todas las habitaciones y logrando de esta manera que se contemple a sí mismo. En caso de que se halla posesionado de una habitación de la casa, la persona que entre deberá ir cubierta de espejos para que el animal muera de horror al ver reflejada su imagen. Si bien este es el método más convencional también se lo puede tapar con una hoya de fiero de tres patas boca abajaos y luego apuñalarlo.
Varias personas que partieron el huevo en donde se encontraba el basilisco han descrito lo que se encontraba en ello como una pequeña viborita, una arañita y hasta como un payasito con bonete y zapatones que bailaba moviendo la clara.
Se gesta en 24 horas de modo que no es conveniente demorarse mucho en tomar las medidas necesarias. Los campesinos conocen muy bien esos huevitos y los queman; pero a veces no pueden verlo a tiempo y corren peligro de muerte.
EL VIBORÓN
Cuentan en el Ramal que las grandes empresas azucareras, lograron su riqueza y rápida prosperidad gracias a "El Viborón". Así lo dicen aquellos que trabajan en los ingenios: peones o profesionales, empleados o capataces.
Se dice que los dueños de los ingenios han cedido a la tentación de pactar con el demonio, y le prometieron el alma humana a cambio de la riqueza. El diablo acepta el negocio pero se quedara cerca, escondido en un profundo y oscuro sótano, para vigilar el estricto cumplimiento de las cláusulas del contrato.
Una de ellas establece la obligación por parte de los propietarios, de entregarle un obrero (que por lo general es alguien que no tiene parientes paraque no se note su ausencia) por año que será devorado sin compasión por "El Viborón", que para ese menester, habrá adoptado la forma de una enorme serpiente. Unicamente lo ven por primera y ultima vez aquellos que serán devorados.
Es común en los Ingenios, que con la ultima molienda de caña de azúcar, se arroje a los trapiches un muñeco que representa al obrero que los propietarios del ingenio deben entregarle a Satanás, para así conformarlo y no llevarse a nadie más.
En otras versiones, El Viborón toma el contorno de un feroz y enorme perro negro sin cabeza que aguarda su cuota de carne humana agazapado en los tenebrosos rincones del ingenio.
Entre los miles de zafreros (cosechadores de la caña) que año tras año dejaban los ocres pueblos de la puna para levantar la cosecha en los ingenios del Ramal, no faltaban uno, dos o más desaparecidos por mil razones distintas, que servían para avivar el recuerdo terrorífico del Viborón y aumentar el resentimiento del obrero misérrimo para con los patrones rodeados de opulencia.Las condiciones del trabajo fueron cambiando con el tiempo y esta leyenda fue perdiendo adeptos.
Hoy en día el Viboron es un capataz odiado o un jefe de sección arbitrario.
Este ser maléfico llega a la Argentina a través de Brasil como su nombre Portugués(lobis-homen)lo indica. Aparece en las provincias de Formosa, Chaco, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Buenos Aires y Santa Fe.Si una familia tiene siete hijos varones, sobre el séptimo caerá la maldición.
El lobison es un hombre alto, delgado y el color amarillento de su piel revela su autentica condición. No come carne y a veces se alimenta exclusivamente de yerba mate. Antes de hacerse lobisón anda nervioso y molesto; se enoja con facilidad. Si los padres se dan cuenta, lo hacen bautizar, el hermano mayor debe ser el padrino.
A la medianoche, los martes y viernes este hombre saldrá de su hogar con alguna excusa para metamorfosearse en un perro negro de ojos negros y boca enorme. Tiene el tamaño de un ternero o de un potrillo, pelaje muy tupido y uñas extremadamente largas, con frecuencia aparece sin cabeza. Se trata en realidad de un fantasma que puede tomar la forma del animal que desee(chango, gato negro) siempre que tenga pelos, no puede convertirse en gallina o pavo u otro animal con plumas. Atraviesa las paredes y pasa por las cerraduras. MODOS,
La transformación se lleva a cabo en los cementerios o en sus alrededores, preferentemente en las noches de luna. Allí el hombre se desviste, esconde sus ropas hasta el amanecer y se revuelca en la arena o en la tierra, pero si alguien le saca sus vestidos, no podrá recuperar su forma humana.
A veces utiliza la faja: la estira en el suelo y se revuelca encima, empezando desde uno de los extremos; al llegar al otro ya este convertido. También puede dar 7 vuelta sobre el cuero de la vaca o sobre la tierra mientras dice palabras mágicas muy antiguas(debe repetir los mismos gestos para regresar a su forma humana.
Como perro se alimenta con la carne de los muertos y le quedan los dientes colorados a causa de esta afición.
También devora basura, osamentas, choclo crudo, gallinas crudas y estiércol de gallina. No se conoce a ciencia ciertos casos en que los animales hayan aparecido muertos o lastimados en sus andazas por quintas y corrales. Solos los corretea.
Si alguien se queda durmiendo en el monte, el lobison cuando quiera puede lamerle la boca, el infortunado padecerá nauseas y sentirá un gusto y un olor espantoso de manera que no podrá comer durante tres días.
La gente de la zona en donde habita el lobisón, cuando oye a los perros llorar, se esconde en las casas, cierra todas las puertas y la comida se enfría en la mesa pues nadie piensa en comer. Se trata de un ser muy temido por su naturaleza feroz y endemoniada que incluso lo lleva a matar. Ataca a niños no bautizados y personas solitarias que se aventuran en las noches.
Las balas no le hacen nada, quien desee acabar con él deberá tener mucho cuidado, pues si la sangre llegarle a salpicarle, inmediatamente el agresor ocupara su lugar dejando libre al lobisón, por consiguiente, no conviene enfrentarlo sino se poseen ciertos elementos.
Para protegerse del lobisón hace falta:
Se lo puede atar pero tiene que ser con una lana abierta de tejer. Así se queda quietecito cuando lo enlazan. Es necesario herirlo sin que sé de cuenta, de lo contrario atacara y matara.
Si alguien lo salva, retoma su aspecto y queda muy agradecido, pero pocos se atreven a intentarlo, porque existe la posibilidad de que la maldición perdure y persiga o mate a su salvador y a la familia de este.

Las pocas personas que lo han visto lo describen como un hombrecito muy pequeño que no alcanza el metro de estatura, un enano gordo, fornido, peludo y con cola. Camina con los pies para atrás para que no lo sigan y usa un sombrero de paja colorado, de alas muy anchas, traje negro y pañuelo grande y blanco que le cuelga. Algunos dicen que es alto y flaco, con el cabello largo que le cae hasta los hombres en una espesa melena y que anda con un látigo, otros lo describen como un viejito de barba larga con un bastón de oro. Suele llevar una maleta al hombro llena de quesos, dulces carne seca y otras comidas.
En realidad puede cambiar de forma y presentarse como un animal o como un hombrecito tonto.
Es negro parduzco, pero tiene los pies y las manos amarillentas, llenos de pelos para que no se oigan sus pasos.
A la distancia parece un capricho , parado en las patas traseras, sus ojos no son como los nuestro sino chatos, como los del sapo, y con cejas de pelo largo. Mira fijo igual que las lechuzas, la boca es grande y alargada, con dientes blancos como la leche.
Silba, hace ruido de huesos como la víbora cascabel y pía como un pollito o un carancho si esta enojado, puede imitar el canto de cualquier ave silvestre.
Es el dueño de los pájaros y del sol y señor de la noche.
Sale especialmente en los meses de octubre y de noviembre, cuando el sol es mas fuerte, y espía a la gente.
Persigue a las mujeres y castiga a los niños que andan por el monte a la hora de la siesta, robando frutas verdes, nidos o cazando pájaros, cuida que no los maten con la gomera. Cuando las criaturas corren, las atrapa con el látigo y las lleva. A veces las tira en un pozo y en algunas ocasiones llega a matarlas.
Es suficiente que toque a una persona para alterar su mente.
Le agrada ser amigo de una persona soltera o viuda y, como regalo, le deja de noche en el patio, colgado de un gancho, cueritos de animales silvestres, cera, plumas, azúcar, yerba, miel del monte, frutas, plata y otras cosas. Si el soltero se casa, lo abandona pues es muy celoso, pretende la mayor fidelidad y no permite que su amigo tenga otros afectos.
Para ganarse su amistad hay que hablarle como a una persona y ofrecerle tabaco y caña.
Le gusta mucho mascar tabaco negro en cuerda y comer lima. Defiende y acompaña por los lugares desiertos y desconocido a quien es su amigo, para que no se pierda en el monte. Cuando va con uno, nunca sale el tigre ni ninguna clase de bicho malo, vigila el sueño en los viajes a través de montes y malezales. Protege, da suerte en el dinero, el amor o el juego, cuida la hacienda, pero no hay que hacerle faltar tabaco pues de lo contrario castiga el olvido. Es terrible cuando se enoja y tiene mucha fuerza. También suelen dejarle monedas en un mortero, miel o caña.
Como por lo general no hay que nombrarlo o provocarlo. El oye cuando pronuncian su nombre, auque sea a la distancia. Para referirse a el hay que hablar poco y en voz baja, tratar de llamarlo con otro nombre y no decir que es malo ni feo. Sino se enoja y castiga al perro de la casa.



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